A menudo solemos pensar que los 30 minutos habituales para comer son una ventana de tiempo que no tiene nada que ver con la jornada laboral o ni siquiera con el resto de cosas que hacemos en nuestra vida diaria, pero quien piense eso, se equivoca.
La alimentación es un pilar fundamental que no se puede aislar del resto de cosas que hacemos a lo largo del día ya que los alimentos que comemos tienen un impacto directo en la energía, en la concentración y en el rendimiento durante la jornada de trabajo (y fuera de ella).
Es decir, una decisión tan aparentemente personal cómo «qué voy a comer hoy» acaba siendo un factor empresarial de primer orden, porque si tus empleados descuidan su alimentación, inevitablemente disminuirán su rendimiento.
El coste oculto de una mala alimentación en la empresa
El sobrepeso y las enfermedades crónicas no solo afectan a la salud individual: también generan mayores costes de seguros médicos, incrementan las bajas laborales y aumentan la rotación por incapacidad de las empresas. A medio plazo, el resultado puede percibirse en forma de absentismo, pérdida de productividad y un clima laboral más desgastado. En Europa, la obesidad se asocia a un incremento del 30% en absentismo y a un gasto sanitario un 25% más alto que en empleados con peso saludable.
Es cierto que actualmente muchas compañías se han dado cuenta de esto y tratan de remediarlo con acciones bienintencionadas, pero insuficientes, como por ejemplo poner fruta a disposición de los empleados ya que, aunque es un gesto positivo, comerse un par de manzanas durante el día no puede compensar la alimentación global de ninguna persona.
Otra opción es dejar que el empleado se organice su alimentación como prefiera y no implementar ningún tipo de iniciativa nutricional. Es otra opción, tan válida como la anterior, al fin y al cabo una empresa está compuesta por adultos y los adultos toman sus propias decisiones. El problema es que si no se ponen facilidades a nivel nutricional, la tendencia habitual que tenemos las personas a la hora de comer es escoger algo poco saludable.
La regla de los 2/3
Hay una regla no escrita en nutrición que dice que una buena alimentación puede ser barata, buena o rápida. La trampa es que solamente puedes escoger 2 de estos atributos. Es decir, tu dieta puede ser:
- Rápida y Barata: En cuyo caso no será buena.
- Buena y Rápida: En cuyo caso no será barata.
- Barata y buena: En cuyo caso no será rápida.
Esto significa que si no se ofrecen opciones de calidad para la alimentación de los empleados, lo más normal es que ellos acaben escogiendo opciones rápidas y muy probablemente baratas. Esto no significa que las empresas puedan controlar la alimentación de los empleados, pero sí que pueden poner algunas facilidades.
Convenios con restaurantes y/o caterings saludables
Si eres capaz de negociar con alguna empresa de caterings o menús saludables más baratos que el PVP, conseguirás que esta opción no solo se perciba como más saludable sino como un beneficio muy bien valorado para los empleados.
Si por ejemplo un menú de esas características cuesta 10€ pero tú consigues ofrecerlo por 6€, será un triple win-win-win, para tu propia empresa, para la empresa de catering y para el empleado.
Máquinas de vending más saludables
Las máquinas de vending son el mejor ejemplo de lo que significa Rápido + Barato (y ya sabes en este caso a lo que estás renunciando). Por esa razón, es muy importante que si vas a ofrecer en la empresa opciones de vending, sean unas buenas opciones.
Puedes mirarlo de esta manera, si ya estás ofreciendo los típicos snacks de máquina de vending, estás abriendo las puertas a la diabetes, a la obesidad y a la pereza. O dicho de otra forma: Para ofrecer eso, es mejor no ofrecer nada.
Sin embargo, actualmente hay muchas alternativas de máquinas de vending con productos saludables como frutos secos, barritas integrales, fruta, yogures naturales… Hay muchas opciones que pueden mejorar los productos ultraprocesados que suelen verse en este tipo de máquinas.
Política de pausas activas
Aunque aparentemente no tiene nada que ver con la alimentación, hacer una pausa de 10 minutos antes y después de comer, hace que por un lado se reduzca tu carga mental antes de sentarte a la mesa (y eso te permitirá digerir y absorber mejor los alimentos) y por otro lado, una pausa final antes de incorporarte al trabajo de nuevo hará que tus niveles de glucosa se normalicen y reducirá la somnolencia, especialmente si lo combinas con algo de movimiento.
Es muy habitual en el entorno corporativo hablar del «Cofee break», pero sería mucho más inteligente y saludable hablar del «Sun-break». Esto significa que si vas a parar 10 minutos de trabajar, es una mejor idea pasarlos expuesto al sol y caminando un poco, que pasarlos sentado en una sala con fluorescentes mirando las redes sociales. Sin ir más lejos, algunos estudios de la Universidad de Leeds muestran que una caminata ligera de 10 min tras comer aumenta la concentración en tareas cognitivas en un 12%.
Talleres y formación
En toda mi carrera como entrenador he trabajado con cientos (puede que miles) de personas y siempre he dicho lo mismo:
Una persona no es responsable de su condición física hasta que sabe cómo hacer que su condición física mejore.
Por eso siempre me he tomado la formación como una responsabilidad. Una persona que no sabe la importancia que tiene su alimentación en su bienestar no va a hacer nada por cuidar de su alimentación. Pero si esa misma persona aprende los peligros de no cuidar su alimentación y le enseñas cómo puede mejorarla y gestionarla, le estás dando la oportunidad de escoger.
Y en ese momento, si esa persona continúa con sus malos hábitos de alimentación es su decisión, pero al menos ha tomado esa decisión conociendo y asumiendo los riesgos y teniendo las herramientas para mejorar esos hábitos.
Es decir: No es tu culpa no saber, pero sí que lo es no implementar lo que has aprendido.
Por eso la formación en los empleados es clave. Esto se puede ver muy fácilmente en materias como Excel, contabilidad… donde las empresas sí que suelen apostar por la formación. Pero la formación básica en nutrición, actividad física y hábitos saludables es igual de importante (o incluso más) que la formación técnica, porque es mucho más fácil darle los conocimientos técnicos a un empleado que tiene buena salud, que darle salud a un empleado que tiene los conocimientos técnicos.
Otros incentivos
Coloquialmente se suele decir eso de: Por el pan baila el perro.
Pero no solamente baila el perro. Todos nos movemos por incentivos y si consigues que en tu empresa se premien las decisiones relacionadas con la salud, por ejemplo la asistencia a formación en materia de alimentación, la elección de menús saludables, la participación en programas de bienestar… Si consigues darle al empleado un aliciente, ya sea económico o de cualquier otro tipo para tomar las decisiones que tú como responsable sabes que son decisiones saludables, es mucho más fácil que los empleados se interesen por ellas.