Llevas dos horas delante del ordenador, acabas de terminar una tarea compleja y te mereces un descanso, así que coges el móvil.
Abres Instagram, empiezas a mirar reels, lees un par de WhatsApps, lees alguna noticia…
Pero cuando vuelves al trabajo, no vuelves mejor. Sigues acelerado, sigues disperso, como si ese descanso no hubiera servido de nada.
Y ese es justo el problema, que a veces se confunde descansar con dejar de trabajar.
Pero no es lo mismo.
Cambiar el Excel por Instagram no es descansar, solo estás cambiando de pantalla.
En un pequeño estudio, varias personas hicieron una pausa parecida: Unos minutos viendo un video y después unos minutos de descanso antes de volver a trabajar (en tareas mentales). La diferencia era el tipo de vídeo.
Unas veces miraban algo divertido y otras algo mucho más serio.
La pausa duraba lo mismo, pero el efecto era diferente.
Después del vídeo divertido, las personas respondían más rápido en tareas de atención, tenían mejor estado de ánimo y mostraban más activación en zonas relacionadas con el foco y la memoria de trabajo.
Este estudio no es definitivo, pero deja una idea muy útil:
Una pausa no es solo una pausa, también es un estímulo.
Lo que haces durante tu descanso puede ayudarte a volver mejor al trabajo o puede dejarte igual de saturado que antes.
También se puede sacar otra conclusión de este estudio y es que no es necesario nada extraordinario para sacarle partido a tus pausas en el trabajo. No necesitas una rutina de CEO exitoso de productividad.
Algo como dar un paseo, mirar por la ventana, charlar con alguien, escuchar música…
Dale a tu cabeza algo que le siente bien y tu rendimiento será mejor.
Porque descansar no es solamente parar. Es volver un poco mejor de lo que te fuiste.
Pregunta de la semana
¿Cómo puedo mejorar mi forma física si voy siempre con el tiempo justo?
Esta es probablemente una de las principales excusas en personas ocupadas (es decir, casi todas).
Es una justificación legítima, pero probablemente estés teniendo un mal enfoque: Mejorar tu forma física no te cuesta tiempo, te da tiempo.
Si empleas 3,5 horas a la semana en tu salud, eso solo supone en torno al 2% del tiempo total que tienes.
Ese 2% de tu tiempo puedes emplearlo así:
- 3 entrenamientos semanales x 40 minutos = 120 minutos
- Preparar tu comida para toda la semana = 90 minutos
La idea no es que tu salud se convierta en un nuevo trabajo. La idea es que puedas usar una pequeña parte de tu tiempo para que mejore tu vida el resto del tiempo.
¿Sigues creyendo que no tienes tiempo?
Si quieres ser aún más honesto contigo, puedes examinar a qué cosas estás dedicando ahora tus 168 horas semanales. Apúntalo todo y cuando termines, te darás cuenta de cuáles son las cosas a las que estás dedicándoles tiempo, porque aquellas cosas que reciben tu atención son las cosas que realmente te importan.
La pregunta es:
¿Tu salud te importa?
La gente que verdaderamente le importa su salud siempre encuentra tiempo para cuidarla. La gente que no le importa siempre encuentra una excusa.
Recomendación de la semana
Convierte tu coche en una cápsula de aprendizaje
Ir al trabajo en coche es la manera más rápida de perder el tiempo. El único objetivo es llegar del punto A al punto B, así que ese tiempo que le dedicas al transporte, es un tiempo que ya tienes perdido de antemano.
Mi propuesta es que aproveches ese tiempo. Es un tiempo que ya tienes ocupado igualmente, así que.. ¿Por qué no sacarle partido?
Ese rato incómodo que pasas dentro del coche metido en el tráfico o simplemente viendo una línea infinita en la carretera puedes aprovecharlo para convertir el coche en una cápsula de aprendizaje.
El coche es uno de los mejores lugares para escuchar audiolibros que te ayuden a pensar mejor, comer mejor, entrenar mejor o simplemente entender algo nuevo.
Si tienes 30 minutos de ida y otros 30 de vuelta del trabajo cada día, son 5 horas a la semana que podrías dedicarlas a ser mejor.
A veces para mejorar tu salud no necesitas dedicar más tiempo, solo necesitas usar mejor el que ya tienes.
Reflexión de la semana
Todos debemos sufrir por una de estas dos causas: El dolor de la disciplina o el dolor del arrepentimiento.
― Jim Rohn
Decía Rafiki, el mono sabio del Rey León, que el cambio es bueno, pero no es fácil. Y es cierto.
Cambiar algo en ti siempre es molesto, pero no cambiar es igualmente molesto, ¿Sabes por qué? Porque si pospones el cambio que necesitas porque cambiar es muy duro, más adelante comprobarás la dureza de arrepentirte por no haber cambiado.
Es decir, sufrir vas a sufrir. La parte buena es que tú puedes decidir qué sufrimiento experimentar.