Sinceramente, cualquier persona que quiera mejorar su salud, ya sabe cómo hacerlo.
Puede que no sepa cómo hacerlo perfecto, pero sabe por dónde empezar. Sabe lo que le hace bien y lo que le hace mal.
Y no hay que ser un genio para saber que si quieres mejorar tu salud debes potenciar las cosas que te hacen bien y eliminar las que te hacen mal.
Sabes que deberías moverte mas. Sabes que deberías entrenar fuerza. Sabes que no te vendría mal dormir mejor. Sabes que esa forma de comer especialmente los fines de semana no te esta ayudando demasiado.
El problema es que saberlo no siempre cambia nada.
Porque entre lo que sabes y lo que haces hay una zona bastante incomoda donde aparecen las excusas, las justificaciones y las pequenas mentiras que nos contamos para no mirar el problema demasiado de frente.
Y esto no va de castigarte.
Va de dejar de negociar con una versión de la realidad que te resulta mas cómoda.
Pero esa negociación pronto se convierte en una mentira que no paras de repetir hasta creerla.
No es una gran mentira.
Nadie suele decir:
«Estoy en una forma física espectacular» cuando se ahoga subiendo dos plantas.
Lo normal es algo mucho mas sutil.
«En casa comemos sano.»
«Me muevo bastante.»
«Duermo poco, pero funciono bien.»
«No tengo tiempo para entrenar.»
«Cuando pase esta racha me pongo.»
«Lo mío es un problema genético.»
«Tampoco estoy tan mal.»
Estas frases son peligrosas precisamente porque tienen una parte de verdad.
Puede que no comas fatal. Puede que te muevas algo. Puede que estés en una época complicada. Puede que haya factores genéticos. Puede que no estés tan mal como otras personas.
Pero la pregunta importante no es si la frase tiene algo de verdad.
La pregunta importante es si esa frase te esta ayudando o te esta protegiendo de hacer algo.
Porque muchas veces no usamos las explicaciones para entender mejor nuestra situación. Las usamos para no tener que cambiarla.
Y con la salud esto pasa constantemente.
La persona sedentaria no dice «soy sedentaria». Dice «yo camino a diario».
La persona con sobrepeso que come sin ningún tipo de estructura no dice «como como un niño pequeño». Dice «como bastante sano».
La persona que duerme cinco horas y media no dice «estoy machacando mi recuperación». Dice «yo no necesito dormir más».
La persona que lleva años sin hacer ejercicio no dice «estoy perdiendo capacidad muscular». Dice «yo me muevo bastante, no paro en todo el día».
Y claro, todas esas frases alivian un poco.
Pero no arreglan nada.
De hecho, a veces son justo lo que impide arreglarlo.
Porque para mejorar algo primero tienes que verlo con cierta honestidad. No con dramatismo, no con culpa, no con autoflagelación. Pero si con honestidad.
Si no haces ejercicio, no haces ejercicio.
Si comes demasiado, comes demasiado.
Si tu media de pasos al día es de 3.000 pasos, tu día tiene 3.000 pasos.
Si tu descanso es malo, tu descanso es malo.
Y si tus analíticas empiezan a moverse en mala dirección, no necesitas buscar una explicación exótica antes de revisar lo más básico.
La realidad puede ser incómoda, pero también es bastante liberadora.
Porque una vez dejas de adornarla, puedes hacer algo con ella.
No necesitas ser brutalmente sincero contigo mismo. Solo sutilmente sincero
Hay una diferencia entre la honestidad y la fustigación.
La fustigación es un castigo:
«Soy un desastre.»
«No tengo disciplina.»
«Siempre abandono.»
«No valgo para nada.»
Eso no sirve de mucho.
La sinceridad útil es mas concreta:
«Entre semana estoy cenando peor de lo que pensaba.»
«Estoy contando como ejercicio cosas que en realidad podría hacer mi abuela a la pata coja.»
«Digo que no tengo tiempo, pero si tengo 40 minutos por la noche para mirar el móvil.»
Esto si sirve.
Porque deja de convertir tu salud en un juicio sobre tu identidad y la convierte en un problema practico.
Y los problemas prácticos se pueden resolver. Ahora depende de ti que decidas resolverlos.
Pregunta de la semana
¿Qué hago si duermo suficiente, pero no descanso?
Primero: deja de mirar solo las horas que duermes.
Dormir 7 u 8 horas no significa automáticamente descansar bien.
Puedes pasar muchas horas en la cama y aun así levantarte como si no te hubieras recuperado nada.
Si eso te pasa a menudo, revisa estas señales:
- roncas mucho;
- te despiertas con la boca seca;
- te levantas con dolor de cabeza;
- te despiertas varias veces durante la noche;
- tienes somnolencia durante el día;
- necesitas café para funcionar como una persona normal.
No conviertas esto en otra obsesión con relojes, anillos o puntuaciones de sueño.
Empieza por lo básico.
Observa durante una semana cómo te levantas. Pregunta a quien duerme contigo si roncas o si haces pausas raras al respirar. Y si el patrón se repite, consúltalo con un profesional, porque ahora sabes que el problema está ahí.
Pasar más tiempo en la cama no es sinónimo de dormir más.
Incluso dormir más no significa dormir «mejor».
Pero si logras encontrar la barrera que te impide descansar por la noche, podrás sacarle mucho más partido al sueño.
Y esa barrera suele estar en tu día a día, así que, analízalo al detalle y podrás encontrar la causa.
Recomendación de la semana
Camina 10 minutos después de comer.
- Simple.
- Aburrido.
- Efectivo.
Si trabajas sentado, esta recomendación te viene especialmente bien.
Después de comer, tu cuerpo tiene que gestionar los nutrientes que acaban de entrar. Si te sientas inmediatamente durante horas, no estas ayudando demasiado.
Caminar unos minutos después de comer puede ayudarte a moverte mas, reducir el sedentarismo y mejorar la gestión de esa comida.
No necesitas hacerlo perfecto.
No necesitas una cinta de caminar, una app ni un protocolo raro.
Solo levantarte y caminar 10 minutos.
Si comes en la oficina, baja a la calle.
Si comes en casa, sal a dar una vuelta a la manzana.
Si no puedes salir, camina por el edificio o sube unas escaleras.
La clave no es hacer un entrenamiento.
La clave es no convertir cada comida en otra excusa para pasar tres horas más sentado.
Reflexión de la semana
Para que las cosas empiecen a ir mejor, primero deben dejar de ir peor.
Esto enlaza muy bien con la temática de hoy porque la honestidad con uno mismo ayuda precisamente a evitar que nuestra salud se siga escurriendo entre los dedos.
Plantarle cara y hacer un ejercicio de honestidad ayuda a que las cosas dejen de ir peor. Y ese es el primer paso para que empiecen a ir mejor.