El empleado resiliente es ese que nunca se queja, que saca adelante todo el trabajo y que por su desempeño, es muy valioso para la empresa… Hasta que se rompe. Porque lo peor en este tipo de perfiles, no es el estrés, no es el «burnout«. Es algo mucho peor: Normalizar el estrés.
En muchas empresas se considera una virtud la capacidad de «aguantar» y «tirar del carro». Pero cuando esa resiliencia se convierte en algo normal, puede transformarse en un síndrome silencioso que amenaza la propia salud de la persona y consecuentemente la productividad de la empresa. Imagina que intentas hacer un sprint interminable, ninguna persona es capaz de hacer algo así porque la naturaleza del sprint es mezclar intensidad con brevedad. No se puede hacer un esfuerzo intenso durante mucho tiempo. Es pura fisiología.
El germen del presentismo
Cuando los empleados siguen «aguantando» y soportando más y más carga de trabajo, lo primero que ocurre es una desconexión emocional. Esa desconexión se traduce inicialmente en menor compromiso, más apatía y finalmente acabará por la salida del empleado. Como se suele decir, o por la puerta grande o por la enfermería. Es decir, cambiando de puesto de trabajo o teniendo que coger una baja laboral, con los costes que eso le supone a la empresa (ambas opciones).
Pero es que es imposible que sea de otra forma. Ese desgaste constante y la sobrecarga prolongada unida a esa «virtud» de no saber cuando parar, pasan factura. Lo que empezó como una característica admirable y todo un ejemplo de resiliencia, acaba costándole a la empresa más recursos que cualquier otro trabajador más «mediocre».
Además, si estos empleados tienen puestos de trabajo creativos, puedes apostar a que esa resiliencia ilimitada les empujará a establecer un modo supervivencia y su cuerpo estará más ocupado en sobrevivir que en crear. Y es entonces cuando se hacen mucho más conservadores, dejan de tomar riesgos y pierden esa «chispa» que era tan valiosa para la empresa.
La clave: Mantener el bienestar dentro de tu empresa
Casi todas las empresas tienen en plantilla trabajadores que sufren este síndrome. Resilientes por naturaleza, puros pitbulls. Pero en lugar de aprovecharlo, los exprimen hasta dejarlos secos.
Te ofrecen formaciones de «gestión del estrés» pero no actúan sobre las causas reales de ese estrés
Estas formaciones te enseñan a manejar el estrés (nosotros tenemos algunas, por cierto), pero por muchas herramientas que consigas para manejar el estrés, un estrés insoportable sigue siendo un estrés insoportable. No puedes pretender que el empleado maneje mejor el estrés si tú como responsable no estás dispuesto a modificar el entorno, la carga o incluso la misma cultura empresarial. Porque manejar el estrés no es solo una cuestión unilateral del empelado.
Premiar al que siempre está disponible
Siempre se le aplaude a ese que siempre está ahí, el que asume tareas que no le corresponden, el que responde correos incluso estando de vacaciones, el que nunca dice que no… Pero ese modelo incentiva la sobrecarga y en el medio plazo crea equipos muy frágiles e incluso puede generar un entorno tóxico.
Asumir que si no se queja es que está bien
Precisamente los más resilientes son los que menos se quejan. Y aunque a priori esto puede ser algo bueno porque todo el mundo valora a los «soldados» que no hacen preguntas y simplemente ejecutan, ellos son los que más riesgo tienen de colapsar precisamente porque les cuesta ponerse límites.
Confiar en que el equipo se autorregule
Con este perfil de empleados la autorregulación suele convertirse en auto-explotación. Y aunque al principio es todo muy bonito, con el paso del tiempo se le empiezan a ver «las costuras» a este tipo de políticas empresariales.
No tener sistemas y kpis bien definidos
Cuanto más definida está la tarea de un empleado, es más fácil poder medir su eficiencia y su rendimiento. Pero al mismo tiempo, eso debe servir para darse cuenta de cuando una persona está asumiendo una carga laboral desproporcionada comparado con el resto del equipo, ya que en estos casos pueden pasar 2 cosas: O el resto del equipo está infrautilizado, o tienes un claro caso de síndrome de trabajador resiliente.
Cómo superar el síndrome del trabajador resiliente
Define límites operativos claros
Está muy bien sacar trabajo adelante, pero también está bien saber donde está el límite, porque cuando conoces el límite, es más fácil acercarse ahí sin sobrepasarlo en lugar de quemar al equipo.
No premies el sacrificio personal, sino la eficiencia y la sostenibilidad
Es muy fácil reconocer al que más trabajo saca adelante, pero como se suele decir:
Remar más fuerte no te va a servir de nada si estás remando en la dirección equivocada.
Por eso los que sacan su trabajo maximizando la eficiencia (es decir, minimizando los recursos), suelen pasar más desapercibidos pero son los que a nivel relativo, más trabajo están sacando adelante. Quedarse hasta las 9 de la noche en la oficina no es un ejemplo de nada, especialmente si ese trabajo pudiste haberlo terminado a las 5 si hubieras sido más eficiente.
Haz auditorías de carga de trabajo de forma periódica
Mide la carga de trabajo real, el uso de recursos, los cuellos de botella… Y detecta cuando hay alguien constantemente en esa zona roja que te permita actuar antes de que sea tarde.
Diseña equipos «anti-frágiles»
Esa gente resiliente en realidad es muy valiosa para la empresa, pero a menudo los utilizan mal. En lugar de ahogar a estas personas con más carga de trabajo, dales herramientas para que puedan sacar más trabajo adelante sin llegar a quemarse. Diversifica responsabilidades, coloca gente para aliviarles carga de trabajo, intenta disminuir su nivel de estrés y podrás disfrutar de un empleado mucho más productivo.
Ese trabajador resiliente no es ningún héroe. Es solo alguien que asume demasiada carga de trabajo, más aún de la que puede soportar. Por lo que esa resiliencia que tanto valoras ahora, será la que te hará perder a un buen trabajador tarde o temprano. Por eso el bienestar corporativo ha venido para quedarse, porque hay muchos perfiles de empleados dentro de las empresas, pero TODOS pueden llegar a mejorar su productividad si son capaces de mejorar su bienestar y optimizar su estilo de vida, porque una persona sana tiene muchos deseos mientras que una persona enferma tiene solo uno… Y la resiliencia eterna te acabará costando tu salud.